Para
esbozar el espacio absoluto dentro de la presente obra arquitectónica es
necesario comenzar por hablar de dimensión y proporciones de la obra, con
respecto a la ciudad y al usuario. El palacio de bellas artes fue planteado
para ser un edificio de carácter monumental, un centro y símbolo para la ciudad
de ese entonces y del futuro. Con sus 96 m de frente por 116 de largo, de
manera muy general la planta tiene forma rectangular tendiendo a ser un cuadrado, mientras que su
altura es de 52 metros hasta el espiral y 42,5 m hasta el techo lo que las deja
con proporción casi de 1:2 con el frente de la planta, se nos muestra un fuerte
eje de simetría justo en el centro de la fachada principal y en varios
elementos subdivididos que conforman las fachadas. En el interior, es
intencional conservar el carácter monumental y solemne del edificio, la puerta
principal es un homenaje a las culturas prehispánicas pues asemeja la entrada
de un templo. El trazado se concibe con líneas y planos propios del Art
Decó en el que se geometrizan las formas
y se crean bloques cubistas, Boari diseñó la ornamentación con líneas curvas
que inspiran a la naturaleza. En general, todos los elementos, incluyendo los
estructurales, son motivos decorativos, con una fuerte tendencia a la
verticalidad.
En
cuanto al espacio relacional, los materiales que constituyen el palacio de
Bellas artes el que se percibe predominante es el mármol en sus diferentes
colores, en las fachadas está revestido íntegramente de mármol blanco italiano,
las puertas son de hierro, en el interior
nos encontramos con mármol de diferentes colores, la gran cúpula que
cierra el vestíbulo es un armazón de metal recubierto con nervaduras de cobre,
laminillas de ónix translúcido y cerámica. La relación de lleno vacío la percibimos como
la de un volumen escarbado, de carácter pesado y poco penetrable, dado por el
carácter monumental del edificio. En cuanto a
la estructura Boari contrató a la compañía estadounidense Milliken
Brothers, que diseñó y fabricó en su totalidad la estructura metálica de
soporte, la cual se cubrió de concreto y se revistió en su exterior con mármol
de Italia, sobre éste se esculpieron todos los elementos de sus fachadas.
Una
de las categorías del espacio concebido es la luz, misma que en el interior es
escasa, se utilizan lámparas para proporcionar la iluminación necesaria, estas
están encendidas durante todo el día, lo que nos deslinda de la sensación del
paso del día en el edificio.
El
color al interior lo proporciona el mármol queretano, que es de color rojizo,
se combina perfectamente con el negro de la escalinata central, mientras que el
exterior se recubre enteramente de cantera blanca, contrastando con las cúpulas
de hierro, color naranja, la textura propia del mármol, lisa y fría adquiere
ritmo al momento de observar de lejos las juntas entre los diferentes bloques
de la fachada y la ornamentación curvilínea.

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